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Tus hijos no son tus hijos




Estaba sumergido en mis pensamientos y recordaba el otro día cuando fuí a buscar a mi hijo de 8 años al colegio. Él salía muy contento porque había sacado la mejor nota de clase en matemáticas, un 9,75 sobre 10. Me contaba que la segunda mejor nota había sido un 7,5.
Le dí la enhorabuena, pero lejos de potenciar su ego y de ser un padre orgulloso porque su hijo es el mejor de la clase con diferencia, lo único que se me ocurrió fué decirle:
"Hijo, cuando estudias, no es lo más importante ser el mejor, ni sacar las mejores notas, ni creerte por encima de los demás. Lo más importante es aprender, disfrutar con lo que haces y si porque te gusta la materia en cuestión o tienes más facilidad de comprenderla sacas las mejores notas, tu respuesta no ha de ser el sentirte superior, sino el intentar ayudar a tus amigos que sacan las peores notas".
El colegio no es una competición, es una formación para prepararte a afrontar una vida, en la que tu máximo interés ha de ser aprender un poco de todo para desenvolverte con más facilidad en sus múltiples facetas.
Es posible que que bajo una mentalidad inculcada desde los responsables de la formación académica, mi respuesta le defraudase. Pero pienso que el reforzar su competitividad y por ello su ego, me parece que no es el camino correcto para una convivencia con todos los seres, sino todo lo contrario. A lo único que está llevando esa competitividad, es al fracaso y a la fustración si no eres el mejor, o a la soberbia y a la prepotencia si lo eres.
Quizá por eso la sociedad actual y sus sistemas, tendrían que revisar las bases sobre las que desarrollan sus planteamientos. Sería un buen comienzo para evitar la creación de inadaptados o de superdotados insoportables. Enseñar a compartir, no lo es solo en el aspecto material, sino en aquellas facetas  intelectuales que te lo permitan por tener más facilidad en las mismas.
La competitividad actual, está implantándose en todo; de ahí surge la fustración, la autolimitación, la crispación y en definitiva, todo aquello, que si además se adereza con una potenciación del ego, que no te permite reconocer esas carencias, solo te lleva a la destrucción o autodestrucción.
La comparación con los demás sólo debería servir para evaluar si tu evolución está en un buen camino, o si tienes que mejorar diferentes aspectos evolutivos. 
Cuando alguien se mide a los demás y gana, la conclusión de ese triunfo tendría que ser, que su capacidad de superación está dando sus frutos. Pero ha de pensar que si no hubiese rivales, no tendría la posibilidad de sacar ninguna conclusión respecto a su evolución.
Por tanto, todos necesitamos de todos, y nuestra evolución depende de que eso lo tengamos claro.
Yo no pienso que mi hijo sea el mejor, sí en cambio lo más grande, igual que mi hija. Como cualquier padre y como tal,  mi único compromiso es darle al arco la inclinación correcta, como dice Kahlil Gibran :



Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a traves de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinacion
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

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