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El Encuentro (Julio Andrés Pagano)



Un poco de lectura:

 Los tiempos se aceleran. Las estructuras externas e internas sienten el cimbronazo. La realidad se resquebraja. Se huele la necesidad de auxilio. Millones de almas están sedientas de una mano sincera que las ayude a trascender el desconcierto. Hay quienes especulan y explotan esa necesidad de guía, lo cual sume a muchísimos peregrinos en una angustia aún mayor. Asistimos a un período de caos. Somos protagonistas de una gran transformación. No bajes los brazos, amigo. Hoy vengo a tu encuentro para que charlemos, de corazón a corazón.

En un libro anterior, que denominé “La Búsqueda”, te revelé parte de mi proceso de transformación. En aquella oportunidad la intuición me susurró al oído que había llegado el momento de conectar con mi esencia, porque estaba cobrando vida una nueva dimensión. Sobre eso, y otros temas me gustaría que hablemos.

Mis palabras no son las de un iluminado, simplemente me mueve la compasión. No puedo seguir andando si sé que una parte mía quedó sufriendo a un costado del camino. Sería inhumano seguir. Sé que hubieses hecho lo mismo, o tal vez más. Tus ojos están cansados, pero no mienten.

Por más que soy consciente de las dificultades para entenderse por medio del lenguaje, mi corazón insiste en que habrá una frecuencia sutil que viajará más allá de los conceptos. Muchas de las cosas te las diré sin decir, porque así es como actúa la magia en el entramado cósmico de luz, que está dando vida a una nueva humanidad. 

Sé de tu prisa y te comprendo, pero calma, haremos de cuenta que somos llevados fuera de los límites del tiempo. No puedo revelarte todo lo que hablaremos, porque aún lo desconozco. La vida nos está regalando este mágico encuentro. Dejemos que nos sorprenda. Seremos conversados por la divinidad.

La intuición me guiña el ojo. Es posible que, después de esta charla, nos fundamos en un enorme abrazo desde el alma y salgamos corriendo, a sonreír por la vida, sin que nos importe las condiciones del tiempo; porque dentro, muy dentro nuestro, habrá salido el Sol. Disfrutemos de este encuentro.



Julio Andrés Pagano


¿Te gusta la música de ángeles que puse para que escuchemos de fondo? Ayuda a transportarnos a una dimensión diferente, donde la luz acaricia lo más puro de nuestra esencia.

En todo momento somos acompañados. No los puedo ver, pero los puedo sentir. Te cuento un secreto: siempre que estés muy cansado, decile a un ángel que bese tu alma y verás que la energía fluye nuevamente por tu cuerpo.

¿Por qué esa cara tan larga? ¿Descreés que existan otros planos que trasciendan la materia? No soy quién para culparte. Me llevó mi buen tiempo cambiar. Somos programados de una manera tan intensa por la sociedad de consumo, con el discurso de que sólo existe el mundo de las formas, que luego es muy difícil comprender que existan otras realidades más allá de los sentidos. Eso, entre otras cosas, provoca que veamos la muerte de una manera tan negativa.

¿Te sentís bien? Percibí como si una ráfaga de frío recorriese tu espalda al citar la muerte. Debemos aprender a escuchar nuestro cuerpo. Esa señal fue una clara invitación a que toquemos este tema, que tanto ruido interno te provoca y te causa malestar con su sola mención.

La muerte como transformación

La muerte será un buen tema para que comencemos a charlar, porque es una de las pocas cosas que tenemos garantizadas a lo largo del camino de la vida.

¡Vení acá, no te vayas! No soy pesimista, todo lo contrario. La muerte no es más que el paso necesario para que la mutación de las formas pueda tener lugar. Debería llamarse transformación en vez de muerte, así podríamos verla como algo natural.

Un buen ejercicio para trascender los límites de nuestros mapas mentales, es mirar desde otra perspectiva. En este caso, vamos a intentar ver la muerte a través de los ojos de un niño que está por nacer. Lo único que necesitamos es obviar, por unos segundos, que, antes de superar la “línea del olvido”, el niño ya sabe dónde encarnará, quiénes serán sus padres y demás, ¿te parece? 

Actualmente, gracias a los avances de la ciencia y de la tecnología, contamos con medios suficientes como para ver parte del proceso de gestación, pero ¿qué pasaría si no pudiésemos comprobarlo? ¿Realmente creeríamos que vivimos de ese modo durante nueve meses?

Te quedaste pensando por qué dije “parte del proceso de gestación”. ¿Creés que podemos verlo todo? Si es así, ¿dónde estaba el espíritu de ese niño antes de ingresar al cuerpo? Bueno... sigamos, de todos modos esta no será la única pregunta que nos quede sin responder.

¿Considerás que por sí mismo el bebé podría darse cuenta lo que le espera? ¿Verdad que no? Así pudiésemos ingresar al útero y hablarle de un modo que nos pudiese comprender, el niño diría que estamos rematadamente locos si pretendemos que nos crea que, tras el velo de la piel de su madre, podrá respirar por los pulmones,  alimentarse por la boca o moverse por donde quiera, con absoluta libertad, sin ningún cordón que lo limite.

¿Imaginás la cara de asombro que pondría al escucharnos decir que nacerá a una nueva forma de vida? Por más que lo intentemos, de mil maneras distintas, no tendríamos éxito. La mente se mueve de lo conocido a lo conocido, por eso cumplen una función tan importante las analogías, ya que a veces nos permiten comprender lo nuevo, subiendo por las escaleras de lo que ya conocemos.



¿Acaso el bebé no tendría derecho a pensar que sólo buscamos excusas para que muera? Visto bajo esta perspectiva, nacer es morir a la forma de vida anterior.

Si no fuese porque la naturaleza cumple con su trabajo sabiamente, sería un verdadero milagro que algún niño se animara a nacer. ¿Cómo haríamos para transmitirle, sin crearle miedo, que existe otra realidad y que no morirá? Ni siquiera podríamos hacerle comprender cosas que nos resultan cotidianas, como los colores, los olores y el viento.

No te rías tanto, a nosotros nos sucede exactamente lo mismo. Cuando alguien nos intenta explicar que nuestra existencia no se acaba con el cuerpo, reaccionamos igual que el bebé. Escuchamos, con sumo descreimiento, al que nos habla sobre el velo que nos impide ver lo que existe más allá de las fronteras de la materia. Así como el niño que está por nacer no cree que pueda vivir desconectado del cordón umbilical, nosotros no podemos imaginarnos que sigamos existiendo sin el cuerpo.

Intuyo que comenzamos hablando sobre la muerte, porque si la negamos, estamos negando la vida misma.

Vida y muerte son las dos caras de una misma moneda. El niño “muere” para que nazca el adolescente. El adolescente “muere” para que nazca el adulto y así continúa el proceso de mutación. La diferencia está en que algunas transformaciones son casi imperceptibles, mientras que otras son más radicales.

¿Qué pasaría si hoy te mostrase una foto de cuanto tenías sólo un par de meses? El salto en el tiempo te revelaría que la transformación fue mayúscula, sin embargo todo fue dándose de una manera tan sutil, que casi no te diste cuenta. Afortunadamente están las fotos y podemos comparar. Pero en cierto sentido, ese simpático niño, con hermosos rulos, murió.

¡Así me gusta, muy bien! Volví a mencionar la palabra muerte y ya no percibí esa fría electricidad que hace unos instantes recorrió tu cuerpo. ¿Verdad que es sólo transformación? Es de suma importancia volvernos conscientes de nuestro limitado paso por este plano, dado que eso nos ayudará a intentar aprovechar al máximo cada instante.

Nuestra vida es una demostración, constante, de que lo que llamamos muerte, no es más que una nueva transformación. Sin embargo a veces nos quedamos mirando la tumba, como el tonto que cuando alguien le señala la Luna se queda con la vista clavada en el dedo.

Si te parece bien, a partir de hoy nos referiremos a la muerte con un nuevo nombre: transformación. Así lograremos despojarla de tanta negatividad y modificaremos, más fácilmente, nuestra percepción con respecto a lo que sucede una vez que cumplimos con nuestro aprendizaje en la Tierra.

Este es un planeta escuela, no lo olvides. Vinimos para aprender. El juego de la vida consiste en recuperar la inocencia y conectar con nuestra esencia interior para seguir evolucionando.

Una vida mecánica

Ahora que hablamos sobre este tema, me gustaría hacerte una pregunta: ¿si estamos solamente de paso, porqué desperdiciamos la vida acumulando cosas que nadie podrá llevarse?

Hay una bella historia que dice que cuando Alejandro Magno murió, había dejado dicho que lo llevaran con los brazos afuera y las palmas de sus manos extendidas, para que todo el mundo viese que ni siquiera él podría llevarse algo material de este mundo.


Mirá por esa ventana. Observá cómo corre la gente de un lado para el otro. No hay sonrisas. No existe el más mínimo rasgo de humanidad en sus caras. Sólo hay tensión, enojo y mucho apuro. Sus mentes están abarrotadas con mensajes publicitarios que les hacen creer que si no tienen un determinado celular, una clase específica de 

coche o no vacacionan en equis lugar, no están a la moda o no serán bien vistos socialmente. ¿Cómo es que no comprenden que eso responde a que determinadas empresas necesitan, imperiosamente, vender ilusiones para incrementar sus ingresos?

No, no estoy en contra del confort, ni de la posibilidad de acceder a un mayor bienestar. Considero que la calidad de vida pasa por otro lado. Está en el disfrute de las cosas simples. ¿De qué te sirve tanto dinero en la cuenta de un banco si te perdiste de disfrutar cómo crecían tus hijos? ¿Acaso la naturaleza nos enseña que hay que acumular, o más bien nos muestra que aprendamos a fluir? 

La gente pareciera olvidar que es más rico el que menos necesita. El consumismo los empuja a un estado de enajenación que espanta. Llevan vidas mecánicas. Son esclavos de sus deseos. Rehenes de la inconsciencia.

La vida de millones de personas se ha convertido en un verdadero infierno. Viven polarizados en la mente, condenando al destierro el corazón. Eso los vuelve insensibles a la vida misma y hace que sus rostros se vuelvan tan rígidos que explotarían si tuviesen que sonreír.

Contemplá cómo esos pájaros juegan en el árbol. El perro permanece echado disfrutando de los tibios rayos del Sol. Mirá las flores cómo se divierten con la brisa, y cómo las hojas ensayan nuevas formas de volar. ¿Ves cuánta magia nos perdemos por correr detrás de cosas sin valor? ¿Seremos capaces de decir que hemos vivido si nunca nos dimos el permiso interno de disfrutar del valor de estas pequeñas-grandes cosas?

Es cierto que los gobiernos hacen todo lo posible para promover la ignorancia, de modo que les sea más fácil encausar los votos hacia determinadas urnas, pero no podemos andar echándole la culpa a los demás. Nadie más que nosotros somos responsables del modo en que vivimos.

Qué distinto sería el mundo si las personas salieran a la calle a compartir lo mejor de sí, tratando de poner conciencia en cada acto. ¿Te parece algo imposible? En la medida que cada uno despierte y tome verdadera conciencia de que estamos interrelacionados, y que todo lo que le hacemos a los demás nos lo estamos haciendo a nosotros mismos, la realidad será absolutamente distinta.

Nuevo escenario mundial

¿Considerás una utopía suponer que viviremos en un mundo más civilizado? No te preocupes, contamos con una gran ventaja, los astros están de nuestro lado. Sí, escuchaste bien.

Las principales megatendencias mundiales hablan de un  nuevo escenario mundial, en donde el hombre se revelará a lo establecido, aprenderá a manejarse de manera más consciente, en equilibrio con la naturaleza y moviéndose en consonancia con lo que le dicte su corazón. Sé que es algo muy difícil de ver en este momento caótico, porque todo pareciera indicar que vamos hacia el extremo opuesto. Así que me pregunté si había un impulso superior que guiara las tendencias, ya que quería saber en qué se basaban algunos autores para hacer tales predicciones. La búsqueda me llevó a la astrología, es decir, al arte de predecir el futuro mediante la observación de los astros.

Desde el punto de vista objetivo, aún estamos en la Era de Piscis. Cronológicamente el cambio hacia la Era de Acuario se sitúa en el año 2160. ¡Ya sé que falta mucho para que llegue esa fecha, pero esperá! La gran noticia es 

que los límites no son tajantes. Ningún cambio de era se produce de golpe. Se estima que 300 años antes, ya se comienza a sentir el influjo de la nueva era.

¿Por qué te digo que los astros están de nuestro lado? Porque Acuario está regido por el planeta Urano, una de cuyas características es la superación. Además, en cualquier era, la constelación opuesta a la regente muestra los ideales por los que se luchará en esa época. En este caso, la constelación opuesta será Leo, quien despertará el espíritu del hombre, hasta el punto de que impulse sus propias iniciativas.

Tu cara de sorpresa es igual a la que puse cuando me topé con estos datos. Pero la cosa no termina ahí, la información que encontré en la web señalaba que la Era de Acuario es una época de libertad individual y de responsabilidad, que estimula el deseo de romper con la tradición y con las normas autoritarias. Se trata de un período en donde las personas se abrirán a nuevas ideas y emprenderán acciones diferentes.

Esta nueva era, que ya estamos transitando desde el punto de vista energético, ayudará a que se quiebre el caparazón de la ignorancia. La gente obtendrá su estima mediante la auto-aprobación. Cada cual será consciente de su propia divinidad y establecerá sus propias metas de auto-desarrollo y servicio. Las personas se juzgarán a sí mismas y eso promoverá la libertad, porque el análisis de uno mismo evita quedarse atado a lo que piensen los demás. La gente comenzará a buscar las respuestas dentro de sí mismo y no fuera. Será un período de gran creatividad.

¿Suena demasiado maravilloso para ser real, no? Lo mismo pensé. Eso me llevó a buscar cuáles cosas caracterizaban a la era de Piscis, que es la que estamos abandonando. Mi sorpresa fue bien grande cuando leí lo que la astrología señalaba sobre este período.

Los astrólogos remarcaban que Piscis estimula a que las personas respeten la autoridad, las tradiciones y costumbres. Sus características principales radican en la ignorancia del hombre acerca de su potencial, así como en su falta de autoestima. Subrayaban, también, que es una era en donde los juicios se basan en las apariencias. La gente quiere que le digan lo que tiene que hacer, en qué creer y se rodea de posesiones materiales para conseguir la aprobación de los semejantes. ¿No es acaso, lo que revelan los astrólogos, una fiel radiografía de lo que aún estamos presenciando?

Reconozco que, al caer en la cuenta sobre la gran influencia que tienen los astros en nuestras vidas, sentí un gran alivio. Comprender que desde el cosmos recibiremos ayuda, camuflada en forma de energía, hizo que recordara que todo, absolutamente todo, está interrelacionado. La distancia es lo que crea la ilusión de separatividad.

De todos modos, con esto de la energía de los astros, no supongas que tenemos todo solucionado. Nuestro libre albedrío nos permite resistir el cambio. Eso sólo generará dolor, sufrimiento, violencia y enfermedades, porque nuestros cuerpos no pueden evitar recibir la nueva vibración que está impregnando a la Tierra. Así que lo más sano e inteligente es aprender a fluir con el cambio.

Cambiar el sistema desde dentro

Gracias por la acotación, mi amigo. Tenés razón. El sistema socio-económico imperante prácticamente no ofrece chances para que el espíritu pueda volar. Pero eso no debería ser una limitación. Al contrario, tendría que constituir una verdadera invitación hacia el desafío de co-crear una realidad más humana y armónica.

Si aprendemos a ver los obstáculos como oportunidades disfrazadas para que podamos elevarnos, seremos capaces de interpretar la vida como un contínuo proceso de enseñanzas que nos ayudará a crecer.


Coincido con tus palabras. Somos responsables por el tipo de sociedad que le ofreceremos a la siguiente generación. Asumimos el compromiso de dejarles un suelo fértil, donde las semillas de los nuevos niños puedan florecer. La tarea no es sencilla, pero tampoco imposible. Sólo discrepo en que debamos irnos. Creo que la solución no pasa por intentar salirse del sistema, sino en cambiarlo desde dentro.

¿Considerás que no se puede? ¿Sos de lo que creen que sus acciones son insignificantes? Te propongo algo. Salgamos a la calle y caminemos en veredas diferentes. Vos irás insultando a cada uno que veas, y yo los iré escupiendo. ¡Ahhhh! ¡Viste que nuestras acciones influyen! ¡Claro que deberíamos correr, y bien fuerte! A poco de andar tendríamos a una muchedumbre embravecida tratando de lincharnos.

Un altísimo porcentaje de personas manifiesta en las encuestas que no pueden hacer nada para ayudar a transformar la realidad. Sostienen que el ejemplo debe venir desde arriba, en clara alusión a los gobernantes. Parecieran no darse cuenta que la vida se compone de la suma de cosas simples, entrelazadas, que vamos haciendo entre todos.

Si cuando voy a cruzar por la senda peatonal el conductor del vehículo detiene su marcha, en vez de enrostrarme un bocinazo ensordecedor, y la mujer del kiosco me saluda amablemente, en vez de tratarme con desprecio, y en la oficina mi jefe me habla con respeto, en vez de descargar su bronca conmigo, otra sería la historia.

Así vamos por la vida, volando bajo. Haciéndonos eco de los chismes. Tratando de sacar ventajas de lo demás. Pensando sólo en nosotros. Después nos horrorizamos por la violencia que se respira en la calle. Pero el aire está viciado, de vibraciones rastreras, porque nosotros ayudamos a que eso suceda con cada una de nuestras acciones inconscientes. Si hacemos siempre lo mismo, nunca podremos esperar resultados diferentes.

¡Basta de buscar excusas, mi amigo! El cambio empieza por nosotros. La multitud, como tal, no existe. Se compone de la suma de individuos. No hay actos insignificantes. Si nos damos cuenta del tremendo poder que ejercen nuestras acciones y modificamos las conductas, automáticamente el contexto en el que nos movemos variará.

Nuestras vibraciones impregnan los lugares en donde estamos. No podemos procurar que nos respeten si no somos capaces de respetar. No podemos pretender que nos amen, si no somos capaces de amarnos. ¿Cómo vamos a esperar que el cambio provenga del exterior, si lo que está fuera no es más que una proyección de lo que somos dentro?

Si ponemos nuestros dones y talentos al servicio del bien común, nuestra realidad daría un viraje sorprendente en un solo abrir y cerrar de ojos. El cambio no pasa por estar ocupando puestos de poder, sino por reconocer el poder que llevamos dentro y hacernos cargo de que se manifieste, de manera creativa, en pos de un mundo mejor.

Nos han hecho creer que no valemos, que somos simples números en las estadísticas. Es tiempo que despierte el espíritu de los mansos, pero, para que eso suceda, tenemos que volvernos conscientes. Si seguimos comportándonos como autómatas, sin corazón, no será posible otro escenario más que el de la violencia, el sufrimiento y el descontrol. El futuro nace del presente. Así que todo lo que veremos más adelante, será el fiel reflejo de lo que hicimos hoy.

El sistema no tiene vida propia. Se nutre de la energía de aquellos que se mueven dentro. Si nuestra forma de vibrar cambia, el sistema mutará. Pero el cambio vibracional no podremos lograrlo si nuestra mente es quien lidera los movimientos. Sólo si le damos al corazón la oportunidad de gobernar nuestra vida, impediremos que el sistema siga siendo cruel e inhumano.


Unidos y despiertos no podrán dominarnos a través del miedo. Eso es algo que nunca deberíamos olvidar, porque para modificar un sistema desde dentro, no sólo hace falta que seamos conscientes de nuestros actos, sino también que seamos capaces de unirnos. Ya es ahora de que todas las disciplinas abandonen sus compartimentos estancos y se fusionen para crear un futuro más luminoso.

Llegó el momento de reunir lo mejor del hombre de manera sinérgica. La separación no es más que otras de las manifestaciones de la inconsciencia. Debemos ser capaces de ver cómo se complementan las diversas áreas de la vida, poniendo al corazón en el centro de la escena.

¿Cómo se hace para abrir el corazón?

Te pido mil disculpas porque mi tono de voz se elevó. No estoy enojado, lo que pasa es que mi espíritu se agita cuando toco ciertos temas que deberían formar parte de un pasado lejano.

Me preguntaste cómo se hace para abrir el corazón. La respuesta más sincera que puedo darte es: no lo sé. No conozco una fórmula exacta para lograrlo. Tal vez la clave esté en la suma de pequeñas gotas.

¿Podrías decirme cuál es la gota que hace rebasar el agua del vaso? Muchos responden que es la última. Sin embargo, esa gota nunca hubiese podido derramarse, si no fuese por el sostén de todas las que le antecedieron. Lo mismo sucede con la apertura del corazón.

Este tema no es sencillo de abordar, al menos para mí. De todos modos, intentaré decirte algunas cosas que me fueron funcionales. Tu camino quizá será distinto, así que,  por favor, escuchá lo que te digo sin olvidar que mis palabras llevan la carga de mi subjetividad, así como de mis condicionamientos y limitaciones.

Una de las cosas que deberíamos hacer, si pretendemos que nuestro corazón comience a abrirse, es trascender los prejuicios y animarnos a fluir con el sentir. Al principio será una dura batalla, porque la mente nunca está dispuesta a ceder terreno, así que apelará a todos sus recursos, incluso los más bajos, para tratar de impedirlo.

Hay momentos en que sentimos que tenemos que hacer algo, que a veces no podemos traducir en palabra. ¿Nunca te pasó? Ahí está el corazón intentando comunicarse. Si tenemos la osadía de escucharlo, poco a poco, su voz será más nítida y comprobaremos con cuánta maestría y sabiduría nos guía.

Una gota acá, otra más allá. Así, poco a poco, vamos llenando el vaso. Una caricia, un gesto sincero, una palabra de aliento... Gotas. En el momento menos pensado el agua se derramará, nuestro corazón se abrirá y se irán lavando nuestras manchas de inconsciencia.

Sentir es descubrir un mundo nuevo, en donde lo que creíamos ordinario se vuelve extraordinario, lleno de magia, luz y color. Pero cuidado, mi amigo, no todas serán rosas. Abandonar la coraza que nos impedía sentir, implicará volvernos vulnerables a las espinas más diminutas. De todos modos, vale la pena abrir el corazón, porque sólo así sentiremos la vida en su máxima expresión.

Entrar en contacto con el corazón es ingresar a una dimensión sutil, donde la lógica no cuenta. Es un espacio en donde las sincronicidades, las señales y las emociones se entrelazan con el sentir, para brindarnos nuestra verdadera guía.

Si lo relacionamos con los temas que vinimos charlando, podríamos decir que sentir es morir a la forma de vida mecánica. Es lo que nos permitirá fluir con la nueva energía y nos ayudará a transformar el sistema desde dentro. 


Sentir es la clave que activa el corazón y nos conectamos a la vida. Cuando el corazón se abre nos volvemos humanos. Ese es el instante en que un ángel nos dibuja una sonrisa en el alma.

No me hagas tantas preguntas que no puedo responder. No puedo decirte mucho más al respecto, excepto contarte cómo fue el instante en que se terminó de abrir mi corazón. Sé que te sonará extraño lo que voy a contarte, pero a través de mi testimonio podrás comprender por qué te digo que el corazón se mueve en una dimensión en donde la mente queda sin palabras.

No creo que lo recuerdes, pero en el libro anterior, “La Búsqueda”, conté que, a través de una ceremonia con plantas maestras, tuve una experiencia singular. En esa oportunidad, la ayahuasca ayudó a que mi corazón se abriera. Un río, color azul puro, inundó todo mi ser. Me sentí pleno. Completo. Era la primera vez que me sentía lleno de amor y con una profunda paz interior.

Estuve en mi propio cielo. Fue como si en una milésima de segundo me sacaran de un sótano pequeño y oscuro, y me llevaran a la terraza para que contemplara el Sol. Fue todo muy mágico. De todos modos, luego de atravesar la experiencia, consideré que tenía que empezar a subir esa escalera, que conduce hacia la luz, paso a paso. De manera que pudiese experimentar lo mismo, pero sin ayuda. Así fue como comencé a sumar gotas de consciencia en mi vida, para intentar fluir con el río de la existencia.

Siguiendo el dictado de mi intuición, viajé de nuevo a la ciudad de Uspallata (queda en la  provincia de Mendoza – República Argentina) a visitar a Emilio, el chamán que había conocido durante el último viaje al que me condujeron las canalizaciones.

Fui solo. Los 1.200 kilómetros que tuve de marcha en colectivo fueron acompañados por varios momentos de lluvia. Lo extraño fue que a lo largo del recorrido, cada vez que miraba hacia afuera, el agua siempre estaba presente. Lo que más vívidamente recuerdo, fue un mural con una gran gota de agua y una montaña a su lado. Una a una, iba percibiendo las señales, pero no lograba traducir qué es lo que se me quería decir.

No, no había nadie que me fuese hablando. Me expresé así, porque sé que una de las formas en que se nos comunican mensajes, desde los mundos sutiles, es por medio de señales. Es cierto que quizás a vos no te hubiesen llamado la atención, pero las señales tienen valor para quien intuye que algo le están queriendo revelar. No pongas mente en esto que te cuento, porque si no te será más difícil comprenderme.

Bueno... te sigo contando. Cuando Emilio me recibió, me preguntó qué era lo que estaba buscando. No supe bien qué responder. Le expliqué que iba guiado por el agua. Sentí que tenía que ayudarlo a que tuviesen su propio pozo de agua. Recuerdo que le dije que así como en todos los lugares sagrados la gente tenía la posibilidad de llevarse agua en bidones, en sus terrenos debería suceder lo mismo, porque es un sitio que mantiene la pureza del alma. Se sonrió. Me invitó a pasar y me dijo esperaríamos a ver qué era lo que las señales revelaban.

No voy a narrarte todo lo que viví en lo de Emilio, para no hacer muy extensa la charla. Sólo me limitaré a contarte lo que sucedió en relación con el tema que en este momento nos ocupa, la apertura del corazón. Puede que también te cuente alguna cosita más, ya veremos.

Me quedé diez días. Fueron mágicos. Entre sus muchas enseñanzas, Emilio nos trasmitía que todo está íntimamente relacionado. “Si el día está nublado es porque tu corazón está cerrado, no me prives del Sol, abrí tu corazón”, decía amablemente a todos los presentes. Al principio me costó asimilar tal interrelación, pero los hechos fueron avalando sus palabras.



“Vieron ese rosal, hay tres pimpollos que están por abrirse, veremos cuáles de ustedes se abren a la vida”, sostuvo Emilio. Esa misma tarde, recuerdo que le manifesté a una de las personas que estaba allí, que no sabía que más hacer, dado que, dentro de mis limitaciones, había hecho todo lo posible para que mi corazón se abriera.

A la mañana siguiente, cuando fui a cortar pasto a un terreno cercano, ocurrió algo que me sorprendió. Sentí que alguien me arrebató el cuchillo que lleva en la mano. Miré hacia atrás, pero no había nadie. Estaba sólo, así que 

me puse a buscarlo entre las hojas, tratando de serenarme. No quería moverme del lugar porque el cuchillo no debía estar a más de un paso de distancia.

¿Qué hice? Sin moverme del lugar, le pedí ayuda a uno de los chicos que estaba cerca, pero no pudimos encontrarlo. Justo cuando nos dimos por vencidos de seguir buscando, vimos que el cuchillo estaba a unos siete metros de distancia, encima de un montón de hojas. Demás está decirte que fue intenso el cosquilleo que me corrió por todo el cuerpo, ya que si un cuchillo se te cae de la mano, nunca puede aparecer tan lejos. “Me están desarmando”, pensé. Cuando llegué a la casa, le conté a Emilio lo sucedido. Simplemente sonrió.

Cuado vi el cuchillo en el suelo, nadie estaba al lado mío diciéndome “te están desarmando”. Fue algo que sentí, muy claro, desde dentro. En ese instante, todo mi ser resonó con ese pensamiento y no me quedaron dudas de que era así.

Está bien, vos tenés todo el derecho del mundo a pensar que el cuchillo simplemente se me cayó, pero mi íntima convicción fue que alguien me lo sacó con fuerza. Fuera de contexto, siempre podemos ver las cosas de una manera diferente. Lo importante es reconocer qué es lo que nos sucede, por dentro, en el instante mismo en que las cosas acontecen. Esa primera sensación es pura. Después llega la mente, con todo su arsenal de suposiciones y conjeturas, y muchas veces nos convence de que creamos otra cosa.

¿Por qué te remarco esto? Porque si bien mi sensación fue muy nítida, luego preferí hacerle caso a mi mente, para ganar en tranquilidad, y di crédito a la posibilidad de que el cuchillo se me hubiese caído.

Como te estaba contando, al anochecer, luego de los mantras y de la cena, cantamos muchas canciones de todo tipo, porque ese es otro modo de ayudar a que el corazón se abra. Voy a obviar algo maravilloso que sucedió esa noche, para no mezclar los temas, si querés, más adelante, recordame este punto de la charla y te lo cuento.

En la mañana de mi séptimo día de estadía, tal como lo hacía habitualmente, fui a cortar el pasto para los animales. Tomé un cuchillo, dos bolsas bien grandes y salí cantando bajo el Sol. Era un día increíble. Me sentía más que feliz. Miré el majestuoso paisaje de montañas, las flores blancas al costado del camino, los pájaros que volaban... No podía creer cuánta belleza tenía para disfrutar. Me sentí muy afortunado. Nunca supuse lo que me estaba por suceder.

Pasé por debajo de un alambrado. Camine unos cuanto metros por una zona arbolada y como si algo hubiese llamado poderosamente mi atención, mi vista se centró en una larga y perfecta hilera de álamo. No me preguntes qué fue lo que pasó, pero al ver que uno de los álamos se había quebrado en dos, comencé a llorar como nunca lo había hecho en mi vida.

Era algo incomprensible. No entendía lo que me sucedía, pero no podía parar de llorar. Fui hasta donde estaba el álamo quebrado y lo abracé. Sentí muchísimo amor. Sin soltar el árbol, miré hacia el costado izquierdo y vi que la parte superior del tronco había quedado sin tocar el piso. Extrañamente se había clavado sobre una escalera que conducía a un tanque de agua. Lloré todavía más. Internamente sentí que había ido a Uspallata para quebrarme y así poderme elevar para conectar con la fuente.

Shhh… después me hacés las preguntas que quieras, pero ahora escuchá sin poner mente.

La risa y el llanto se fueron alternando. Me sentí sumamente feliz. Sólo pude mirar al cielo y agradecer. No había una sola nube. El día estaba radiante. Me acordé de las palabras del chamán, cuando dijo que el cielo refleja tu corazón. Volvía a llorar y no paré de agradecer. Las plantas, las hojas, las flores, todo parecía más luminoso. Comprendí la interconexión de las cosas. Los pensamientos que me llegaban, sin control, me mostraban la manera en que todas las señales que había recibido tenían un por qué que excedía toda lógica. Darme cuenta de todo eso me impedía detener el llanto. Eran lágrimas de felicidad.

No encuentro las palabras exactas que describan lo que sentí. Recuerdo que luego de salir de ese estado comencé a mirar para todos lados, temí que alguien me hubiese visto. Mi parte racional me decía que me estaba comportando como un loco. También le agradecí, porque gracias a la razón las señales fueron interconectándose. Me quedé varias horas en ese lugar. Fue como tocar el cielo con las manos.

De regreso a lo de Emilio, con las bolsas de pasto a medio llenar, lo primero que hice fue mirar al rosal. Mis ojos se empañaron. Uno de los pimpollos se había abierto de par en par. Sonreí. Otra señal estaba confirmando lo que había vivido. De todos modos, no pude con mi mente y decidí guardar silencio, quería ver si el chamán se daba cuenta de lo que había sucedido.

Como podrás ver, mi parte racional es bastante tozuda. De todos modos, me sentí un verdadero estúpido cuando Emilio entró y, con voz dulce y serena, me preguntó: “¿Julio, qué te ha pasado?”. Le agradecí y narré lo sucedido. Aún seguía muy movilizado. Mientras hablaba, una de las chicas presentes apuntó que me estaba poniendo color rosa. Quienes ven el aura, afirman que ese es el color que manifestamos en nuestro campo energético cuando nos expresamos desde el corazón.

Esa noche, al acostarme, todavía no salía de mi asombro al ver cómo todas y cada una de las señales encajaban a la perfección: mi sensación interna de tener que ir a lo de Emilio siguiendo la guía del agua, las manifestaciones que tuve durante el viaje, la sensación del desarme, el tronco quebrado sobre una escalera que daba a un tanque de agua, la flor que se abrió, etc.

Una vez más confirmé que si seguimos nuestra brújula interna, por más que en apariencia demos pasos fuera de la lógica, al llegar a un determinado punto se nos revela que había un hilo conductor, subyacente, que conectaba cada uno de nuestros pasos de manera sincrónica. Es un hilo que la mente no ve, pero el corazón siente. De ahí la importancia de hacerle caso a la intuición y dar pasos en el vacío.

No lo digo por vos, porque sé que algunas personas podrían suponer que contar este tipo de experiencias tiene que ver con el ego. Son formas de ver. En mi caso, considero que si nadie nos fuese contando sus historias de vida, no tendríamos puntos de referencia que nos alienten a trascender nuestras limitaciones.

De todos modos, lo importante de esto que te estoy relatando, no radica en el hecho en sí, sino en la confianza que busco inspirarte, a través de las palabras, para que siempre permanezcas atento a las señales, fluyas con el sentir y te muevas más allá de la razón. Esos son aspectos cruciales, cuando uno intenta salirse del surco de la mente, para conectar con el corazón.

¿En qué consiste la espiritualidad?

Perdoname, pero no te escuché bien. ¿Qué dijiste? ¿Querés que hablemos sobre la espiritualidad? Hummm... Es todo un tema, sobre todo en este tiempo en donde el mundo parecería dividirse entre los espirituales y los no espirituales, como si sólo unos pocos tuviesen espíritu.

En honor a la verdad, no puedo decirte qué es la espiritualidad como quien da una definición académica. En el mejor de los casos, puedo intentar explicarte qué representa para mí. Pero eso sí, quiero volver a recordarte que todo lo que digo, absolutamente todo, forma parte de mi subjetividad. Te lo remarco para que no te quedes con mis palabras y salgas a experimentar tus propias respuestas, porque el camino es siempre individual.


Somos espirituales por naturaleza. Encarnamos en el mundo de las formas para experimentar la densidad de la materia, pero nuestra esencia es espíritu. También podemos decir que es energía o luz. Cada quién lo denomina como mejor le resuena. De todos modos, muchas veces hablamos de espirituales y no espirituales como una forma de diferenciar quienes intentan manejarse de manera consciente y quienes prefieren hacerlo mecánicamente.

Desde mi punto de vista, ser espiritual no está sujeto a rezar, ir a misa, meditar, hacer cursos de auto-ayuda, cantar mantras, etc. Todas esas herramientas nos ayudan a ser más conscientes de que existen planos superiores y contribuyen a que iluminemos nuestras zonas oscuras, pero no nos garantizan nada por sí solas.

¿De qué sirve ir a misa si cuando salgo de la iglesia no hago otra cosa que maldecir? ¿De qué sirve que me sienta en paz mientras medito, si en mi trabajo estoy buscando la forma de ascender un puesto a costa de lo demás? ¿Cuál es el sentido de cantar mantras por varias horas y sentirme extasiado, si al llegar a mi casa maltrato a mi familia? Perdemos el tiempo si todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance, para conectar con la divinidad y volvernos más conscientes, no podemos aplicarlas para trasformar nuestro día a día. No serviría de nada. Las herramientas son un simple medio para alcanzar un determinado fin. Sólo eso.

¿Por qué me mirás de ese modo? ¿Te suena raro lo que te digo? Te daré un ejemplo. La agujereadora sirve para hacer un agujero en la pared. El fin es hacer un orificio, no importa la agujereadora en sí. Podríamos haber hecho el agujero usando un martillo y un clavo, o cualquier otra herramienta. ¿Comprendés lo que intento explicarte? 

El mundo estaría mucho mejor si no existiesen las religiones, y los hombres lleváramos una vida centrada en los valores humanos. Imaginate un futuro en donde la gente viviese en el amor, sin andar perdiendo el tiempo con discusiones sin sentido, sobre qué líder religioso fue la máxima expresión del amor. Así vamos por la vida, discutiendo que fue mejor Buda, que fue mejor Cristo, que fue mejor Mahoma, etc. Y no hacemos más que pelearnos, dividirnos y sembrar odio y resentimiento.

Lo que importa es el mensaje, no el mensajero. La divinidad, fiel a su naturaleza creativa, se expresa bajo millones de forma. Si hoy volviese a la Tierra cualquiera de los iluminados sobre quienes se montaron las estructuras de las religiones, otra sería la historia. Te aseguro que no quedaría institución religiosa en pié, porque han desnaturalizado las enseñanzas. Con tantos dogmas y reglas estrictas, la esencia de los mensajes prácticamente se marchitó.

No digo todo esto porque sea ateo. Hace tres años vi a la Virgen de San Nicolás y ese hecho cambió mi vida, pero no me cerré en esa manifestación. Seguí abierto a la existencia. Recibí enseñanzas de Aguila Blanca y de seres de otras dimensiones, y sigo sin cerrarme. También recibo enseñanzas de las mariposas, las abejas, las nubes, el Sol, el viento, etc. Absolutamente todo comunica y enseña a cada instante.

Lo único que necesitamos es permanecer atentos y receptivos. Nada más. En tanto y en cuanto estemos abiertos a la vida, veremos que la esencia de lo que la divinidad nos expresa es la misma, independientemente del canal a través del cual se manifieste.



Debemos trascender los encasillamientos que nos propone la mente, así nos sentiremos hermanos y lograremos vivir en un clima de paz, armonía y unidad.

La espiritualidad consiste en volvernos bien humanos. Cuando logremos hacerlo, habrá nacido el hombre nuevo. Un “Ser Humano” con todas las letras, que vivirá en concordancia con la naturaleza, siguiendo los dictados de su corazón, con plena consciencia de que todos somos Uno, moviéndonos de manera sincrónica y perfecta, a través de una espiral ascendente que fluye con la luz..

No pretendo que creas lo que acabo de decirte, porque esta es mi particular forma de interpretar la espiritualidad, la cual puede cambiar de un momento a otro, si es que comprendo que esta visión me limita o no me resulta funcional. Sé que lo único constante es el cambio, por eso quiero alentarte a que saltes a la vida y obtengas tus propias vivencias. Ninguna otra cosa podrá transformarte. No te quedes con verdades prestadas. Recorré tu propio camino. Buscá tus propias respuestas.

No estamos solos en el universo

Uhhhhhhhh! Te pido mil disculpas, ya lo había olvidado. Tenés razón. Hace sólo unos instantes, cuando te estaba narrando parte de las experiencias en lo de Emilio, te dije que había vivido algo maravilloso, pero quedé en contártelo más adelante para no mezclar los temas. Se nota que estás atento.

Esto que te voy a contar, está relacionado con un tema que divide a la opinión pública a la hora de hablarlo. Se trata de si estamos solos, o no, en el universo. Desde mi punto de vista: estamos más que acompañados. Te reís. Está bien, es saludable poder hacerlo.

Si ninguno de los dos experimentó el fuego alguna vez, es probable que -de acuerdo con nuestras creencias- nos aferremos a la posibilidad de que pueda quemar o tal vez que no. Pero, ¿qué pasará una vez que pongas la mano sobre la llama de una vela? ¿Te quedarían dudas de que el fuego quema? ¿Verdad que no? Esa es la ventaja del conocimiento vivencial. Los demás, desde un plano teórico, podrán seguir creyendo lo que les venga en gana con respecto al fuego. Vos, en cambio, no necesitarás creer. Simplemente sabrás. El problema estará en si después querés salir a la calle convenciendo a todos de tu experiencia. Muchos te mirarían de manera poco amistosa y pensarían que un buen chaleco de fuerza te quedaría más que bien.

No quiero ser reiterativo, porque sé que en el libro “La Búsqueda” leíste sobre las ciudades intraterrenas, el avistaje de naves y las extrañas luces que vivencié en un monasterio trapense. Lo que ahora te quiero contar, para complementar esas otras vivencias, es lo que experimenté en lo de Emilio.

“Es tiempo de celebrar y vestirse de blanco” nos explicó el chamán. Por mi gesto de sorpresa al caer en la cuenta de que había ido vestido todo de negro, tuvo la amabilidad de aclarar que vestirse de blanco nada tiene que ver con el color de la ropa, sino con poner consciencia en cada uno de nuestros actos.

Si bien no recuerdo las palabras exactas con que lo dijo, Emilio también nos explicó que, al caer la noche, la manifestación que veríamos en el cielo estaría relacionada con el grado de vibración alcanzado durante la jornada.

El día fue desarrollándose con juegos que contenían enseñanzas, ejercicios de introspección y relajación. También compartimos experiencias e intercambiamos opiniones. Al atardecer cantamos el gayatri mantra y también una hermosa canción a la Virgen María. Luego de cenar salimos, como todas noches, a contemplar las respuestas del cielo. Esa noche fue muy especial, no sólo porque contamos cerca de 25 naves, que aparecían y desaparecían, moviéndose en todas direcciones, sino porque, de repente, se presentó una formación triangular enorme. Las aproximadamente 15 personas que estábamos reunidas allí quedamos con la boca abierta.


¡Miren allá!, anunció uno de los chicos. Un triángulo de kilómetros de distancia, formado por tres luces que se movían de manera perfectamente sincrónica, comenzó a desplazarse entre las estrellas, a una gran altura. Lo vimos durante un par de minutos, y justo cuando llegó arriba de nuestras cabezas desapareció. Todos nos fundimos en un sólo grito de alegría. No podíamos dar crédito a lo que acabábamos de presenciar, porque contar 25 naves ya había sido mucho, pero el triángulo fue demasiado.

Nos quedamos un largo tiempo debatiendo si se había tratado de una sola nave triangular, enorme, o de tres naves chicas, que al moverse de manera tan perfecta creaban la ilusión de ser una sola. Miramos para preguntarle a Emilio, pero ya se había ido a descansar. Sólo para nosotros había sido algo fuera de lo común. Recordé su frase: “los cielos reflejarán el modo en que hayamos vibrado”. No quedaban dudas, sabía de lo que hablaba.

Al día siguiente todos estuvimos muy acelerados por el recuerdo de la vivencia. Pusimos aún más empeño en que nuestras acciones no fueran producto de la inconsciencia. Por la tarde, su hermana, dos amigos de la infancia (que llevaban muchos años sin verlo) y otro familiar cercano, fueron a visitar a Emilio. En medio de risas y bromas, se podía percibir que tenían grandes dudas sobre lo que habíamos visto la noche anterior.

“Quién sabe –les dijo Emilio alegremente- en una de esas, esta noche tenemos suerte de nuevo y cuando ustedes vienen a cenar vemos algo”.

La noche era tan hermosa que habíamos decidimos sacar las mesas y comer pizzas a la leña al aire libre. No había una sola nube. Ese día también había sido de gran celebración, así que todos estábamos expectantes a ver cómo respondería el cielo. Poco a poco, los rostros de sus amigos se fueron iluminando, al ver cómo iban y venían las luces. Aparecían y desaparecían, cruzando el cielo mendocino en todas las direcciones. Pero una vez más, se borraron todas las dudas. El gran triángulo volvió a aparecer en el cielo, muy alto, y se desplazó entre las estrellas. Esta vez, éramos más de 30 personas los que pudimos verlo.

Cuando llegó exactamente arriba de nuestras cabezas, desapareció sin dejar rastro. En medio de la algarabía. Emilio se acercó hasta donde estaba su hermana y con una enorme sonrisa le dijo: “¿y, hermanita, qué me decís ahora, existen o no existen? Eso sí, no vas a andar contándolo mucho, a ver si alguien te quiere encerrar como vos decías que había que hacerlo conmigo, cuando te contaba sobre esta realidad”. No hubo nada más que acotar, la mirada emocionada de su hermana lo dijo todo.

¿Suena lindo, no? Mejor todavía es vivirlo, porque a través de las palabras, no puedo reflejarte ni el uno por ciento de lo que se siente al vivir esa experiencia.

Unos meses antes de ir a lo de Emilio, estando en Cuchi Corral, una localidad cercana a Capilla del Monte (provincia de Córdoba – Argentina), también presencié el avistaje de varias naves, aunque esa vez fue en compañía de una mujer contactada, que se llama Lina.

No quiero ahondar en más detalles porque estaría dando vueltas sobre lo mismo, lo que me interesa de todo esto es que comprendas que existen otras civilizaciones. Hay más de mil millones de sistemas solares como el nuestro, con sus respectivos soles, planetas, estrellas, etc. ¿Nunca te pusiste a pensar que habiendo tantos y tantos lugares en el universo, que podrían estar habitados, lo más extraño sería que sólo en la Tierra hubiese vida inteligente?

Si el tema te interesa, buscá información sobre los Pleyadianos, los Arctuarianos, los Venusinos, etc. Te vas a sorprender al caer en la cuenta sobre cuántas civilizaciones, de un modo u otro, están estableciendo contacto con la humanidad. Hay muchísima bibliografía al respecto, así como miles y miles de sitios web, en donde una innumerable cantidad de canalizadores están acerándonos, día a día, los mensajes de los seres de otras galaxias. 

Sé que suena a ciencia ficción todo esto, pero bueno... Es lo que hay, diría uno de mis amigos. ¿Qué se le va a hacer?

Una vez más, simplemente me remití a las vivencias, para fundamentarte, a mi modo, por qué afirmo que no estamos solos en el universo. Podés creerme o no. Eso es algo que no me incumbe. Sé que muchas personas dicen: “¿pero si es tan fácil de ver, por qué yo no veo nada?”. Me quedo con la respuesta que me dio el chamán, “cada vez que ves una nave te imprimen una determinada vibración, y no todos las pueden ver porque muchos se cierran a la posibilidad de que existan”.

Tu gesto de descreimiento me hizo recordar el momento exacto en que, con gran entusiasmo, le conté todo esto a mi esposa Claudia. Ella, con tu misma expresión gestual, me dijo: “qué me importa que existan, si es cierto en algún momento me voy a enterar, dejame de molestar con todo eso, te dije que no me cuentes más sobre esas cosas porque me asustan”. Creo que ya te diste cuenta, ¿no? Ella es mi gran maestra. Tiene la habilidad de hacerme ejercitar la paciencia y la templanza hasta límites insospechados.

¿Sabés por qué traje a relucir este comentario?, porque a raíz de lo que ella me dijo, caí en la cuenta de que, a los fines personales, es intrascendente que existan otras civilizaciones. ¿De qué te sirve ver pasar un ovni, acaso con eso solucionás tus conflictos internos? ¿Vas a poder cancelar la cuenta del banco o conseguir un mejor puesto en tu trabajo? ¡Te estoy cargando! Pero no olvides que dentro de toda broma se esconde algo de verdad.

En cierto que el hecho en sí de ver un objeto volador no modificará nada en el corto plazo, pero también es cierto que ese hecho abrirá una gran interrogante en tu camino, y la duda constituye un poderoso motor que nos ayuda a mover. Una pregunta te llevará a la otra. Sin darte cuenta entrarás en el terreno de las vibraciones, el sentido de la vida, etc. Y cuando quieras acordarte, casi sin proponértelo, habrás llegado a tu interior. No importa por dónde comencemos la búsqueda, podemos hacerlo desde los lugares más insólitos. Todos los caminos conducen al mismo lugar.

¡Vamos, arriba ese ánimo! La alegría tiene que estar presente en nuestras vidas, es sinónimo de salud. ¿De qué sirve que podamos hablar sobre estos temas si no tenemos la capacidad de reírnos de nosotros mismos, no te parece? La vida merece celebrarse a cada instante.

Todo es cuestión de percepción

Toda forma de ver es una forma de no ver, no lo olvides. La percepción crea la realidad. Cada uno construye su propio mundo a partir de lo que puede o lo que quiere percibir. Pero eso no implica que otra persona no pueda percibir algo más, o lo mismo, pero de un modo diferente. 

Generalmente negamos todo aquello que escapa a nuestra capacidad de comprensión o contradice la forma que tenemos de entender la vida, pero eso no significa que aquello a lo que nos resistimos no sea cierto. La vista no tiene la capacidad de sentir, el olfato no puede ver, el oído no puede degustar, el tacto no puede escuchar y el gusto no puede oler, ¿acaso impide eso que todas esas realidades existan al mismo tiempo? ¿Verdad que no?

¿Por qué hago hincapié en esto de la percepción? Porque necesitamos ser lo suficientemente amplios de criterio, para no privarnos de la posibilidad de experimentar muchos aspectos enriquecedores de la vida, y sumar, de manera creativa, para que la humanidad siga evolucionando.

Todos los puntos de vista son perfectamente válidos y respetables. Cada uno tiene el derecho a entender la vida como quiera, pero por el simple hecho de vivir en sociedad, tenemos que intentar buscar la forma de que los diferentes enfoques puedan complementarse, para evitar multiplicar los conflictos.

¿No logré hacerme entender? Entonces te contaré un breve cuento. Relata una historia que dos personas discutían porque había quedado una sola naranja. Gritaban tan fuerte que no se podían escuchar. Los dos estaban dispuestos a quedarse a toda costa con la fruta. No llegaron al extremo de los golpes porque, en ese instante, alguien se presentó, calmó los ánimos y le pidió a cada uno que le explicara para qué querían la naranja. Uno respondió que necesitaba su jugo. El otro, que sólo quería su cáscara. Ambos vieron que sus necesidades eran complementarias y volvieron a sonreír.

La falta de un diálogo sincero, de corazón a corazón, sumado a nuestra imposibilidad de sentir, nos está cerrando las puertas hacia una convivencia sana y pacífica. La energía de cambio que proviene del espacio, con la Era de Acuario, potenciará los conflictos, aún más, sino comenzamos a abrirnos y nos damos el permiso interno de cambiar. No es casual el caos que estamos presenciando. Los medios de comunicación nos muestran que los niveles de tensión van en franco aumento. Crímenes, guerras, atentados, desbordes mentales, hechos de violencia inexplicables, etc. están tiñendo de rojo la realidad.

No digo esto para que te alarmes. El caos es lo que da lugar al cambio, es lo que facilita que la transformación ocurra. Está en nosotros ayudar a que la transición sea lo menos traumática posible. Lograr comprender hacia dónde no está conduciendo el caos, nos permitirá contar con otros recursos para poder atravesar la tempestad.

No es casual que, a escala global, millones de seres humanos presientan que sus vidas deberían dar un vuelco para poder equilibrarse. Tampoco es casual que muchísimas personas no se animen a efectuar los cambios necesarios, por temor a que los demás se les rían en la cara, las tilden de locas o las marginen socialmente. Estamos recibiendo la energía de Acuario, pero aún la de la Era de Piscis no se ha retirado. Estamos con un píe en cada lado. Dar el salto es todo un desafío.

Los que logran superar la instancia de los prejuicios sociales y los temores internos, aún tienen que superar una barrera mayor, deben generar sus propios espacios. Las viejas estructuras del sistema, no encajan con sus nuevas formas de percibir la realidad. Ahí es donde se enciende el debate sobre si hay que salirse del sistema o cambiarlo desde dentro.

En mi opinión, salirse del sistema equivale a renunciar ante un obstáculo. De todos modos, así lo quisiéramos, no podemos salirnos. No hay espacios a donde ir. Somos pasajeros de un mismo barco. Así nos fuésemos a vivir a las montañas y llevásemos una vida ermitaña, eso no nos evitaría sufrir las consecuencias de la contaminación, una guerra nuclear o cualquiera de las calamidades que los ecologistas pronostican, de seguir viviendo a este ritmo decadente.

Nada es bueno o malo en sí mismo, todo depende del uso que le demos. Contamos con un mundo que se ha convertido en una gran aldea interconectada. Por lo tanto, si logramos cambiar nuestra percepción y redireccionamos nuestros esfuerzos, hacia alternativas que despierten la conciencia y abran nuestros corazones, podremos utilizar el poder de esa interconexión para revertir los pronósticos más negativos.

¿Te parece algo imposible? Con fe, constancia, esfuerzo y actitud, todo se puede. Algunos optan por mirar el vaso medio vacío. Otros lo ven lleno, pero sólo hasta la mitad. En mi caso, lo observo completamente lleno. Sé que la parte que algunos dicen ver vacía, está repleta de aire. Todo es cuestión de percepción.

Excusas para el cambio

No creas que no te comprendo. De todos modos, me gustaría que te escuches cuando hablás. Si no es tu familia, es tu entorno, tus amigos, la sociedad, etc, etc, etc. Vas rotando los nombres, los personajes, las historias, pero siempre la culpa está afuera. Son los otros los que no te dejan cambiar, los que te traban o te ponen palos en la rueda. ¿Prestaste atención a ese detalle?

El cambio debe partir desde dentro. Solamente vos sabés cuál es modo que mejor se ajusta a tu ritmo evolutivo. Nadie puede mover tus piés. A lo sumo pueden inspirarte a que los muevas. No importa si es real o inventada la forma que busques para impulsar tus pasos. Lo importante es que te muevas, que salgas de la inconsciencia.

Sí, lo digo muy en serio. Para la mente no hay diferencia entre algo real o inventado. Con que vos lo creas, es más que suficiente. ¿Sabés qué es lo que hago para moverme en un entorno adverso? Simplemente juego. Resignifico las cosas. Busco enseñanzas implícitas. Veo todo lo que se me presenta, como una forma de ayudarme a que trascienda mis limitaciones.

En mi singular forma de ver la vida, todo lo que podría considerarse como resistencia para el cambio, lo veo como el escenario que co-creé para demostrarme si realmente estaba dispuesto a transformarme. Si pese a la adversidad que encuentro soy capaz de dar pasos, en consonancia con mi sentir, eso significa que realmente estoy convencido de la dirección en que me muevo.

Si voy por la calle y veo a un señor en silla de ruedas, sé que es un maestro enseñándome a sobreponerme a una dificultad. Si alguien viene y me trata mal, veo a un maestro enseñándome la tolerancia. Si debo esperar en la cola de un banco, sé que me están invitando a desarollar la paciencia. Así voy jugando. ¡Claro que a veces estallo y me enojo! También tengo mis baches de inconsciencia. De todos modos cuando caigo en la cuenta de que me enojé, agradezco que me muestren que aún me falta un largo camino. Así voy por la vida, jugando.

¿Sabés una cosa? Con esto de intentar co-crear nuevos espacio para ayudar a transformar la realidad, es posible que, en más de una oportunidad, te encuentres con personas que te digan: “avísenme cuando esté hecho, así me sumo”. Pareciera que no se dan cuenta que en el mismo hacer está la transformación. Lo importante son los desafíos y los problemas que la realización misma presenta. Materializarlos es sólo la excusa para que nos animemos a cambiar.

Hemos hablando suficiente, ¿no te parece?

A modo de despedida, si no te enojas, me gustaría hacerte una breve sugerencia. Ahora, cuando te vayas, tratá de no parar al primero que se te cruce por la calle para intentar explicarle que la muerte no existe, que deje de llevar una vida mecánica, hablarle sobre la nueva era, el cambio del sistema, la espiritualidad, las otras dimensiones y todo eso, porque, en el mejor de los casos, lograrás que te recomiende un buen psiquiatra.

Gracias, de todo corazón, por tu tiempo y tu buena compañía. Llevaré siempre este abrazo, en lo profundo de mi alma, como recuerdo de este encuentro. No te preocupes, son lágrimas de felicidad las que corren por mi rostro. Siempre me emociono cuando veo salir el  Sol.

Así terminó el encuentro

Cuenta la historia que todos los lectores quedaron desorientados al llegar a la última página, porque en realidad se trataba de un día gris y lluvioso. Sólo vieron salir corriendo por la vida al autor del libro, quien felizmente saltaba, en cada charco, como si fuese un verdadero desquiciado.

Un niño, que miraba por la ventana, comprendió y sonrió: el encuentro fue interno.

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Para pedir información sobre el libro contactar:
juanjo.iglesias@asahago.com



PRESENTACIÓN

Asahago es una palabra de la tribu Fayú que significa "los mejores deseos" para la o las personas a quién se dirige.
La tribu Fayú es una tribu de Papúa occidental en Indonesia.
Esta tribu, ha permanecido aislada durante miles de años y no conocen ni los metales y se alimenta de serpientes, pájaros, ranas y cocodrilos.
En un mundo de continua globalización, encontrar una tribu de estas características, es algo que resulta cuanto menos sorprendente y que nos puede ayudar a reencontrar nuestros orígenes y posibles caminos tomados equivocadamente en nuestra evolución material.
Gracias a Sabine Kuegler que con su libro "La niña de la jungla", relata sus experiencias en la tribu Fayú, y con el que deseaba sensibilizar a la gente de la importancia de las tribus indígenas adopté este nick de Asahago.
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Encontrarte

Tiempo lineal que he pasado sin escribir.  Seguramente porque decidí centrarme en mi mismo hace ya más de un año.  Pero ha sido en el traspaso de este invierno cuando realmente he podido tomar consciencia de la cantidad de veces que hablaba y hablaba sin materializar en la tierra todo aquello que decía. 
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